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MIGUEL TORRUCO MARQUÉS
México 10 de julio de 2009.
LIC. FELIPE CALDERÓN HINOJOSA
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL
DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
PRESENTE
Distinguido señor Presidente:
Me dirijo a usted con todo respeto para responder como ciudadano mexicano a su oportuno exhorto para proponer acciones tendientes a consolidar nuestra gran nación.
En el marco del Foro Nacional para la Seguridad y Justicia, celebrado el pasado 24 de junio, usted mencionó lo siguiente:
"La política es tan importante que no se le debe dejar solo a los políticos"
"Que los ciudadanos participen en las propuestas y decisiones que mejoren al país"
En virtud de lo anterior, y en mi calidad de ciudadano mexicano, preocupado por la problemática económica, política y social que viene atravesando nuestro país desde hace más de tres décadas, misma que se ha acentuado en los últimos años manifestándose en una preocupante descomposición social, me permito, con todo respeto, hacer un análisis de la situación actual, proponiendo algunas acciones que a mi juicio son fundamentales y necesarias para que México deje atrás este estancamiento histórico.
El único responsable de este escrito soy yo, Miguel Torruco Marqués, desvinculando a toda organización e institución, a las cuales pertenezco y dedico parte de mi tiempo profesional.
Viajo frecuentemente por las carreteras de México, de norte a sur, y veo constantemente un letrero que dice "Ruta 2010”. Me pregunto si esa fecha no se relacionará con otros difíciles acontecimientos de la historia que a nuestros antepasados les toco vivir.
1810, movimiento de Independencia, dando inicio a las primeras discrepancias entre los mismos mexicanos: unos querían la monarquía y otros apostaban al imperio. Un siglo después, 1910, la revolución armada, desencadenando una serie de traiciones entre sus protagonistas por alcanzar el poder en un país convulsionado por las injusticias sociales.
En seis cortos meses, llegaremos al tan promocionado año 2010, y “el horno no está para bollos".
El tiempo corre, y a pesar del enorme esfuerzo que está realizando usted señor Presidente de la República, el país se estanca y la población se desespera, viviendo en una nación catalogada por organismos internacionales como más violenta que Congo, Libia e Irak.
Las mafias se han incrustado en todos los niveles, vendiendo protección al empresario en algunos municipios del país, al estilo del viejo Chicago, de la época de Al Capone.
Los rezagos en lo político, económico y social, se profundizan, gestándose los elementos, si no hay una inmediata solución de fondo, para un conflicto de carácter social.
Por lo anterior y sin pretender ser alarmista, exagerado o catastrofista, que no lo soy, ha llegado el momento cívico, como dijo usted señor Presidente Felipe Calderón, de hacer propuestas concretas a todos aquéllos que tienen la responsabilidad histórica de guiar los destinos de la nación, me refiero a los representantes de los tres poderes del Estado, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, e inclusive los tres partidos políticos con mayor influencia y responsabilidad.
La enorme preocupación que se ventila y comenta a "voz populi" tanto en los hogares como en todos los lugares públicos y privados es, “andamos mal”.
Sin embargo, también ha llegado el momento de proponer soluciones que coadyuven a mejorar la difícil situación que priva en todo el país.
Evitemos así, provocar al México bronco que está latente y que ha despertado curiosamente cada cien años.
Posterior a la Revolución Mexicana y como resultado del pacto que se consolida en 1929, impulsado por los altos mandos militares comandados por don Plutarco Elías Calles, cuyo objetivo principal fue dar al país un mecanismo en donde los diversos grupos de poder negociaran sin que esto desestabilizara a la nación.
Pocos años después, nuestro México avanzó en el llamado desarrollo estabilizador, bajo un régimen de economía mixta, desde los años 40s, hasta los 70s.
El Estado mexicano contaba en aquel entonces con menos de 300 empresas descentralizadas o paraestatales, mismas que absorbían el 30% del presupuesto federal, cuyo objeto era fundamentalmente social, mas no socialista.
Por otra parte, se canalizaba el 70% de los ingresos y presupuesto restante, al beneficio de la población, traducido en garantizar los mínimos de bienestar a la sociedad: vivienda, salud, educación, seguridad y alimentación. Fueron éstos, años de un crecimiento sostenido, de alrededor del 7% anual con un 4% de inflación, similar a la del vecino del norte y una paridad estable del peso con el dólar. Mientras tanto, las naciones del orbe vivían las tensiones políticas de la “guerra fría”.
Luego, durante 12 años, el país se ve envuelto en un período, donde las acciones de gobierno se traducen en populismo, al grado de invertirse la pirámide, aumentando en tan sólo 12 años de 300 a 1554 empresas descentralizadas, que absorbían el 70% del presupuesto federal.
Inflación con devaluación fue el común denominador, tanto así que se nacionalizó la banca, entre otras acciones de esa época.
Como consecuencia de lo anterior, se manifestó un enorme rezago en los servicios básicos a la población, mínimos de bienestar que todo gobierno debe otorgar a sus ciudadanos como un compromiso ineludible.
El llamado populismo a la mexicana, combinado con un decadente régimen de economía mixta, concluye en 1986 al ingresar México al sistema multilateral de comercio, a través del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), primero, y posteriormente a la Organización Mundial de Comercio (OMC), que ha sido el instrumento fundamental para la liberalización del comercio mundial.
Esto da inicio al período neoliberal, que se consolida con las caídas del sistema socialista de la Unión Soviética y el muro de Berlín, poniendo punto final a la “guerra fría”.
Como consecuencia, el modelo económico a seguir, sin duda alguna, de acuerdo al pensamiento de los llamados tecnócratas del momento, era el capitalismo, con políticas dictadas desde el Fondo Monetario Internacional, filosofía adquirida y emanada desde las aulas de Harvard y otras universidades que acogieron becados a muchos jóvenes, futuros políticos impulsores del neoliberalismo a la mexicana.
En otras palabras, se da entrada a la competencia internacional otorgando todas las facilidades, sin eliminar en México el dañino síndrome de la tramitología y un sistema tributario nada competitivo, lo que gesta una franca competencia desleal con las empresas mexicanas, muchas de las cuales fueron desapareciendo paulatinamente con el llamado “error de diciembre” de 1994.
En enero de 1995, el país despierta con una cruda y triste realidad, la crisis económica que pulveriza a la clase media, acrecentando más la distancia entre pobres y ricos, situación que priva hasta estos días de incertidumbre y tensión social.
Mientras todo eso ocurría, el gobierno procedía a adelgazar su aparato burocrático, liquidando o fusionando más de mil empresas de gobierno, sin realizar las grandes reformas que el propio estado requería y reclamaba para salir de la arterosclerosis política y administrativa, que por desgracia prevalece en el México del siglo XXI.
En resumen, en los últimos 9 años, México no ha podido crecer más allá del 4%, inclusive este año se estima un decrecimiento de menos 8% con un 10% de inflación, acumulándose el desempleo a cifras alarmantes que ascienden, según datos oficiales, a 2 millones de personas.
Los especialistas anticipan que las caídas más significativas se presentarán en la producción manufacturera, construcción, comercio, transporte, servicios financieros y bienes raíces.
En mayo pasado, las exportaciones de petróleo crudo se ubicaron en el nivel más bajo de los últimos 15 años, al totalizar un millón 173 mil barriles diarios en promedio.
Los productos básicos se han encarecido, la economía familiar está en evidente deterioro, los servicios de agua, luz, gasolina, turbosina, derechos de aeropuertos, intereses bancarios e impuestos, por citar algunos ejemplos, tienen costos más elevados que en otros muchos países, con quienes competimos comercialmente. Por ello, en los reportes de organismos internacionales, reprueban a México en materia de competitividad.
Desde que se agudizó la crisis económica, en octubre de 2008, y hasta mayo pasado, ya se perdieron 12 mil 30 empresas, con lo que el número total de patrones quedó en 825 mil 533, de acuerdo a datos oficiales.
Para el sector empresarial, estos resultados son consecuencia de la debilidad del mercado interno y de la enorme dependencia que se tiene de la economía estadounidense; pero también es cierto que una situación así no se había observado desde 1995.
Lo anterior se complica al cerrarse la histórica válvula de escape que representaban alrededor de 400 mil trabajadores, quienes anualmente emigraban al país vecino del norte para ocuparse primordialmente en labores del campo y de servicios.
Sin embargo, la crisis económica surgida en el área inmobiliaria en Estados Unidos, afectó también al empleo de aquel país y como pasa en tiempos de guerra, "los mexicanos por delante". Con ello, cada día retornan más connacionales a sus lugares de origen, principalmente zonas urbanas.
Como decían los abuelos, “a grandes males, grandes remedios”. Los mexicanos, todos unidos, debemos poner nuestro máximo empeño y esfuerzo para frenar la rápida descomposición social.
En virtud de lo ya señalado, propongo un nuevo pacto nacional, sin precedente en la historia contemporánea de la nación.
El pacto nacional debe contener los siguientes acuerdos, los cuales deberán ponerse en marcha el 1 de diciembre del 2012, exceptuando el punto 1 y 5.
1. Retornar al régimen de economía mixta, logrando que el sector privado con el gobierno federal, inviertan al 2 por 1 en obras de gran envergadura para generar empleos en forma inmediata. El Estado haría uso de 30 mil millones de dólares de los recursos de la reserva nacional.
2. Disminución del gasto corriente del gobierno federal, eliminando 3 secretarías de Estado: Reforma Agraria, Seguridad Pública y Función Pública, pasando sus atribuciones a las secretarías de Agricultura y Ganadería, a la Procuraduría General de la República y a la Contaduría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados.
3. Disminución a 300 diputados federales en el Congreso y a 64 senadores en la Cámara Alta, permitiendo además su reelección.
4. Elevar de 2% a 5% el mínimo de representatividad de los partidos políticos.
5. Fijar como plazo el primer día de la próxima administración, en el 2012, para instaurar solamente 10 trámites en la apertura de todo tipo de negocios, eliminando los superfluos, trátese de los que competen a la federación, estados o municipios, evitando corruptelas que postergan el futuro de la juventud.
6. Una vez asumiendo funciones la LXI Legislatura, abocarse a crear una nueva y simplificada Constitución, donde emanen leyes modernas, claras, transparentes, entendibles y aplicables.
7.- En el aspecto fiscal, la certeza y las reglas claras, harán que todos los ciudadanos participen con una tributación equitativa, simple y competitiva.
8.- En los procedimientos penales, civiles y mercantiles, diseñar leyes que le cierren el paso a los vericuetos que desembocan en complicidades entre algunos abogados, ministerios públicos y jueces, impidiendo la legalidad y el estado de derecho.
9- En el aspecto laboral, impedir a través de un moderno ordenamiento legal, las prebendas de grupos sindicales cuyos liderazgos actualmente son a perpetuidad, obstaculizando el auténtico progreso de los trabajadores y acotando las posibilidades de nuevas inversiones.
10.- Apresurar la reforma energética que conduzca a la autosuficiencia en los 10 próximos años. Es una vergüenza importar actualmente el 40% de gasolina sin plomo de India, nación que crece vertiginosamente en su economía a tasas del 10% anual.
11.- Despertar en los empresarios, mayor conciencia sobre la importancia del pago de sus impuestos, apoyando esta labor con incentivos fiscales.
No hay de otra, o le “entramos al toro” para solucionar los problemas y vicios que nos han aquejado por décadas o seguiremos hipotecando el futuro del sufrido y resignado pueblo de México.
Finalmente, deseo expresar a todos los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial, CCE, mi confianza de que retomen estas propuestas y las mejoren para bien del país.
Que Dios lo ilumine a usted, señor Presidente Felipe Calderón Hinojosa y a los presidentes de ambas cámaras del Congreso de la Unión, a los presidentes de los tres principales partidos políticos de nuestra gran nación.
Ahora o nunca, luchemos por legarle a nuestros hijos y futuras generaciones un México mejor.
“Por la grandeza de México”
Miguel Torruco Marqués
Ccp. Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Sen. Gustavo Enrique Madero Muñoz, Presidente de la Mesa Directiva H. Cámara de Senadores y Coordinador del Grupo Parlamentario en el Senado de la República por el PAN.
Dip. César Duarte Jáquez, Presidente de la H. Cámara de Diputados, PAN.
Sen. Manlio Fabio Beltrones, Coordinador del Grupo Parlamentario en el Senado de la República por el PRI.
Sen. Carlos Navarrete Ruiz, Coordinador del Grupo Parlamentario en el Senado de la República por el PRD.
Dip. Javier González Garza, Presidente de la Junta de Coordinación Política de la LX Legislatura de la Cámara de Diputados, PRD.
Dip. Héctor Larios Córdova, representante del PAN, ante la Junta de Coordinación Política de la LX Legislatura de la Cámara de Diputados.
Dip. Emilio Gamboa Patrón, representante del PRI, ante la Junta de Coordinación Política de la LX Legislatura de la Cámara de Diputados.
Lic. Germán Martínez Cázares, Presidente del Partido Acción Nacional.
Lic. Beatriz Paredes Rangel, Presidenta del Partido Revolucionario Institucional.
Lic. Jesús Ortega Martínez, Presidente del Partido de la Revolución Democrática.
Lic. Armando Paredes Arroyo Loza, Presidente del Consejo Coordinador Empresarial, CCE.
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